Con una destacada densidad de corzos y paisajes que mezclan campos cultivados y bosques, Polonia se ha consolidado como uno de los destinos europeos más buscados por cazadores de corzos. La temporada comienza a mediados de mayo, cuando los días se alargan y obliga a comenzar las salidas antes del amanecer y retomarlas al atardecer. En esta etapa, los machos ya han establecido sus territorios, aunque su actividad disminuye con el calor y el crecimiento de las siembras.
Las cacerías se combinan con tiempo para el descanso, la gastronomía local y el disfrute del entorno, lo que hace de esta experiencia algo tan efectivo como relajado. Todo cambia con la llegada del celo, a finales de julio, cuando los corzos se mantienen activos durante todo el día y responden con facilidad a los reclamos, ofreciendo momentos únicos.
Los terrenos alternan zonas de bosque, pastizales y campos de cultivo, ideales para el rececho o esperas desde torretas situadas en puntos estratégicos. La calidad de la organización, la experiencia de los guías y la abundancia de animales hacen de Polonia una perfecta elección para quienes buscan una caza auténtica, bien gestionada y de éxito.